Daniel Pipes
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Ataque a Estados Unido y obtenga ayuda

por Daniel Pipes y Jonathan Schanzer
New York Post
28 de Enero de 2002

Original en Inglés: Attack U.S. and Win Aid

La conferencia de donantes para Afganistán convocada en Tokio la semana pasada tenía todo el aspecto de ser humana, moral, y sensata. Representantes de sesenta gobiernos prometían ayudar a reconstruir Afganistán comprometiendo 1.700 millones de dólares por lo menos en 2002 y 10.200 millones durante la década próxima. En representación de Estados Unidos, el Secretario de Estado Colin L. Powell prometía 297 millones, aproximadamente la quinta parte de los fondos del primer año.

Esto, la mayor suma con diferencia por cuenta de un único país, pretende ayudar a poner los medios para encarrilar lo que Powell llamaba "un país en marcha." Explicaba el motivo de la generosidad: "Estados Unidos no abandonará al pueblo de Afganistán."

La elevada suma de 297 millones de dólares catapulta Afganistán a las grandes ligas de la generosidad estadounidense, convirtiéndolo en el cuarto mayor receptor de ayuda exterior de América en 2002 (por detrás de Israel, Egipto y Colombia). Esto es notable por cuatro razones:

¿Por qué es recompensado entonces Afganistán con un chorro de ayuda económica? La razón es simple: las fuerzas estadounidenses derrotaron al régimen de Afganistán y los estadounidenses se sienten ahora responsables de arreglar el país.

¿Suena extraño? No debería. Ello encaja en un patrón demostrado. Hace unos cuantos años, fuerzas estadounidenses se implicaban en la antigua Yugoslavia; ese grupo de países recibe unos increíbles 358 millones de dólares en ayudas estadounidenses hoy. De igual manera, Alemania, Italia o Japón se beneficiaron de la masiva ayuda estadounidense tras perder frente a América en la Segunda Guerra Mundial.

Más genérica e irónicamente, esto refleja el síndrome "del ratón que maullaba," bautizado en honor a la película de 1959 protagonizada por Peter Sellers interpretando tres papeles nada menos. Cuenta la historia de un minúsculo ducado europeo, Grand Fenwick, que se encuentra al borde de la bancarrota y decide declarar la guerra a América con el fin de perder y después lucrarse de la ayuda resultante.

"No hay una empresa más rentable para cualquier país que declarar la guerra a Estados Unidos y salir derrotado," entona el primer ministro del ducado. "En cuanto el agresor es derrotado, los estadounidenses llevan comida, maquinaria, ropa, ayuda técnica y toneladas de dinero en ayuda de sus antes enemigos."

De manera que el país más pequeño del mundo ataca a América y cuando, al final de la película, el Departamento de Estado interviene para cerrar el asunto, Grand Fenwick exige un millón de dólares en ayuda. Es rechazado: "No puede esperar de nosotros que le demos un mísero millón," expresa amenazadoramente el diplomático estadounidense sabiendo que sus superiores no van a permitir el gasto de una cifra tan trivial.

El ratón que maullaba puede ser una película entretenida, pero contiene un mensaje totalmente sobrio. En palabras del primer ministro de Grand Fenwick: "Los estadounidenses son gente extraña. Mientras que el resto de los países raramente perdonan algo, los estadounidenses lo perdonan todo."

Su idea es particularmente apropiada hoy: Washington debe condicionar su ayuda exterior a razones estratégicas, humanitarias o similares. Los estadounidenses deberían sentirse menos culpables, perdonar con mayor lentitud, y sentirse menos aludidos por el titular del momento. Deberían poner más énfasis en los intereses propios. Y no deberían pagar a ciegas a ratones que aúllan.

Categoría del Artículo:  Política exterior de los Estados Unidos, Terrorismo suscribirse a la lista de correo gratuíta del dr. daniel pipes