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Related Articles ¿El Proceso de La Paz o de la Guerra?por Daniel Pipes http://es.danielpipes.org/7743/el-proceso-de-la-paz-o-de-la-guerra Original en Inglés: Peace Process or War Process? Cuando Barack Obama anunció en junio de 2009 sobre la diplomacia israelí-palestina, 'Estoy seguro que si continuamos, después de haber comenzado temprano, podemos avanzar de manera seria mucho este año', mostró un optimismo conmovedor, pero ingenuo. De hecho su determinación es una parte de un patrón bien establecido de determinación de los políticos que quieran 'solucionar' el conflicto árabe-israelí; había catorce iniciativas del gobierno estadounidense solamente durante las dos administraciones de George W. Bush. ¿Serán esta vez las cosas diferentes? ¿Terminará el conflicto por intentar más o ser más astuto? No; es imposible que este esfuerzo funcione. Sin mirar los detalles del enfoque de Obama- que son ellos mismos problemáticos- expondré tres puntos: que las negociaciones israelí-palestinas pasadas han fracasado; que su fracaso fue debido a la ilusión israelí de evitar la guerra; y que Washington debe animar a Jerusalén que abandone las negociaciones y vuelva en lugar a su política más temprana, y que tuvo más éxito, de luchar por la victoria. Evaluar Otra Vez 'El Proceso de La Paz'Da vergüenza recordar la alegría y las esperanzas que acompañaron la firma de los acuerdos de Oslo en septiembre de 1993 cuando el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, se estrechó la mano en el jardín de la Casa Blanca con Yasser Arafat, líder palestino. Por algunos años después, 'El Apretón de Manos' (como se llamó entonces) sirvió de un símbolo de la diplomacia brillante, donde los dos partidos lograron lo que querían más: la dignidad y la autonomía para los palestinos, y el reconocimiento y la seguridad para los israelíes. El presidente Bill Clinton fue anfitrión de la ceremonia y elogió el acuerdo como 'una gran ocasión de la historia'. El Secretario de Estado, Warren Christopher, concluyó que 'lo imposible estaba a nuestro alcance'. Yasser Arafat llamó la firma un 'acontecimiento histórico, inaugurando una época nueva.' El ministro de asuntos exteriores, Shimon Peres, afirmó que se podía ver 'el esquema de la paz en el Oriente Medio'. La prensa mostró esperanzas semejantes. Anthony Lewis, periodista de New York Times, dijo que el acuerdo fue 'sensacional' y 'construido de manera ingeniosa'. La revista que se llama Time hizo que Arafat y Rabin fueran los dos 'hombres del año' de 1993. Para colmo, Arafat, Rabin y Peres ganaron conjuntamente el Premio Nobel de la Paz en 1994. Como los acuerdos causaron el deterioro de las condiciones de los israelíes y palestinos, en lugar de la mejora esperada, estas esperanzas precipitadas se disiparon rápidamente. Cuando los palestinos vivían todavía bajo el control israelí, antes de los acuerdos de Oslo, habían disfrutado del orden público y de una economía creciente, independiente de la caridad internacional. Disfrutaban del funcionamiento de las escuelas y de los hospitales; viajaron sin controles y tenían acceso libre al territorio israelí. Incluso crearon varias universidades. El terrorismo se disminuyó como aumentó la aceptación de Israel. Oslo no les trajo pues a los palestinos la paz y la prosperidad, sino la tiranía, las instituciones fracasadas, la pobreza, la corrupción, un culto de la muerte, las fábricas de suicidio, y la radicalización islamista. Yasser Arafat había prometido que convertiría su dominio nuevo en el Singapur del Oriente Medio. Sin embargo, su control se convirtió en realidad en una pesadilla de la dependencia, de la inhumanidad, del odio, más afín a Liberia o al Congo. Mientras tanto, los israelíes miraron como la rabia palestina aumentó, causándoles la violencia sin precedentes; el ministerio israelí de asuntos exteriores anuncia que más israelíes fueron asesinados por los terroristas palestinos en los cinco años después de los acuerdos de Oslo que en los quince años antes de los acuerdos. Si las dos manos en el apretón de manos de Rabin y Arafat representaron las esperanzas tempranas de Oslo, las dos manos sangrientas de un joven palestino que acababa de linchar a reservistas israelíes en Ramala en octubre de 2000 representaron su final terrible. Además, Oslo causó muchos daños a la reputación internacional de Israel, haciendo que las cuestiones de la existencia sí misma del estado judío soberano se volvieran a discutir, sobre todo en la Izquierda, y que se crearan las perversiones morales tales como la Conferencia Mundial de la ONU Contra El Racismo en Durban. Para Israel, los siete años de la diplomacia de Oslo, 1993-2000, deshicieron en gran medida los cuarenta y cinco años del éxito en la guerra. Los palestinos y los israelíes están casi nunca de acuerdo. No obstante, casi todos están de acuerdo que los acuerdos de Oslo fracasaron. Lo que se llama 'el proceso de la paz' se debe llamar en realidad 'el proceso de la guerra'. La Esperanza Falsa de Matizar Una Guerra¿Por qué se puso tan mala la situación? ¿Dónde estaban los problemas en un acuerdo tan prometedor? De la multiplicidad de errores, el error más grande fue que a Yitzhak Rabin le faltara la comprensión de cómo se matiza una guerra, como lo reveló en su refrán, 'No se acuerda la paz con los amigos. Se acuerda la paz con el enemigo'. El primer ministro israelí había esperado que se matizara la guerra por la voluntad buena, la conciliación, la mediación, la flexibilidad, la compostura, la generosidad, el compromiso, junto con las firmas en los documentos oficiales. Así, su gobierno y los de sus tres sucesores- Shimon Peres, Binyamin Netanyahu, Ehud Barak- iniciaron una serie de concesiones, esperando que los palestinos reciprocaran. No lo hicieron. De hecho, las concesiones israelíes aumentaron la hostilidad palestina. Los palestinos interpretaron los esfuerzos israelíes de 'acordar la paz' como señales de la desmoralización y de la debilidad. Las concesiones penosas redujeron el temor palestino de Israel; hicieron que el estado judío pareciera vulnerable, y les incitaron a los sueños irrendentistas de aniquilación. Cada gesto israelí negociado por los acuerdos de Oslo exilió, radicalizó y movilizó más a la clase política palestina a la guerra. La esperanza silenciosa de 1993 de eliminar a Israel ganó fuerza, convirtiéndose en una demanda ensordecedora en 2000. El discurso venenoso y las acciones violentas se dispararon. Los sondeos y los votos en los últimos años sugieren que solamente un 20% de los palestinos acepta la existencia de un estado judío. El error de Rabin era simple y profundo: no se puede 'acordar la paz con un enemigo', como imaginó, sino se acuerda la paz con un ex-enemigo. La paz requiere casi siempre que un lado en un conflicto sea derrotado y por eso renuncie a sus objetivos. Las guerras no se matizan a causa de la voluntad buena sino a causa de la victoria. '¡Sea su gran objetivo (en la guerra) la victoria!', notó Sun Tzu, estratega chino antiguo. 'La guerra es un acto de violencia para hacer que el enemigo cumpla con nuestra voluntad,' escribió su sucesor prusiano del siglo diecinueve, Karl von Clausewitz en 1832. Douglas MacArthur observó en 1951 que en 'la guerra, nada puede sustituir a la victoria'. Los adelantos técnicos no han cambiado esta verdad. La lucha continúa o se puede reanudar potencialmente mientras que los dos lados esperen lograr sus objetivos bélicos. La victoria consiste en imponer su voluntad sobre el enemigo, obligándolo que renuncie a sus objetivos. Las guerras se matizan normalmente cuando un lado pierda la esperanza, cuando su voluntad de luchar se haya aplastado. Posiblemente se piense que la derrota siga las pérdidas terribles del campo de batalla, como fue el caso del Eje en 1945. Pero eso ha tenido lugar raramente en los sesenta años pasados. Las pérdidas del campo de batalla de los estados árabes a Israel en 1948-82, de Corea del Norte en 1953, de Saddam Hussein en 1991, y de los sunitas iraquíes en 2003 no se convirtieron en la desesperanza y en la rendición. La moral y la voluntad importan más hoy en día. Aunque tuvieron fuerzas más grandes y armas mejores que sus enemigos, los franceses abandonaron a Argelia, los estadounidenses a Vietnam, y los soviéticos a Afganistán. La Guerra Fría se matizó, notablemente, casi sin muerto. Aplastar la voluntad de luchar del enemigo, por eso, no significa necesariamente destruir a los enemigos. Desde 1948, los árabes y los israelíes han seguido objetivos estáticos y contrarios: los árabes lucharon para eliminar a Israel, y los israelís lucharon para ganar la aceptación de sus vecinos. Los detalles se han cambiado a lo largo de las décadas con varias ideologías, estrategias, actores principales, pero los dos objetivos se han quedado sin cambiar. Si se matizará el conflicto, es necesario que un lado pierda y otro gane. No habrá más un estado sionista, o será aceptado por sus vecinos. Éstos son los dos escenarios solos para terminar el conflicto. Todas las situaciones otras no son estables y son una premisa para la guerra continuada. Los árabes han seguido sus objetivos con paciencia, determinación, y propósito; las excepciones a este patrón (por ejemplo, los acuerdos de paz egipcios y jordanos) han sido operacionalmente insignificantes porque no han reducido la hostilidad a la existencia de Israel. Para responder, los israelíes mantuvieron un recuerdo fuerte de visión estratégica y brillantez táctica en la época 1948-93. En tiempo, sin embargo, como Israel se convirtió en un país rico, su población se puso impaciente debido a la tarea humillante, lenta, aburrida, amarga, y cara de convencer a los árabes para que aceptaran su existencia política. Ahora, pocos en Israel tienen todavía la victoria por el objetivo; casi ningún político principal insta hoy que haya la victoria en la guerra. Uzi Landau, ministro actual de la infraestructura nacional, quien argumenta que 'cuando se lucha una guerra se quiere ganar la guerra', es la excepción rara. La Tarea Difícil de GanarEn lugar de la victoria, los israelíes han desarrollado un abanico imaginativo de soluciones para gestionar el conflicto:
Todas estas soluciones, contradictorias en espíritu y mutuamente exclusivas, esperan matizar la guerra, no ganarla. Ninguna se dedica a la necesidad de aplastar la voluntad palestina de luchar. Como fracasaron las negociaciones de Oslo, predigo que todos los planes israelíes que eviten la tarea difícil de ganar fracasarán también. Desde 1993, en breve, los árabes han pedido la victoria mientras que los israelíes han pedido el compromiso. En este estado de ánimo, los israelíes han anunciado abiertamente que están cansados de la guerra. Poco antes de hacerse primer ministro, Ehud Olmert dijo por sus compatriotas: 'Estamos cansados de luchar, estamos cansados de ser valientes, estamos cansados de ganar, estamos cansados de vencer a nuestros enemigos.' Después de hacerse primer ministro, Olmert anunció: 'Se logra la paz mediante las concesiones. Todos lo sabemos.' Tales declaraciones derrotistas hicieron que Yoram Hazony del Centro Shalem caracterizara a los israelíes como 'un pueblo agotado, confundido sin dirección'. Pero si no se gana, se pierde. Para su supervivencia, los israelíes tienen que volver eventualmente a su política de establecer que Israel es fuerte y permanente. Eso se logra mediante la política disuasoria- la tarea tediosa de convencer a los palestinos y a los demás que el estado judío perdurará y que soñar con eliminarlo tiene que fracasar. Esto no será ni fácil ni rápido. A causa de los errores durante los años de Oslo y después (sobre todo retirarse unilateralmente de Gaza en 2005 y la guerra en Líbano en 2006), los palestinos piensan que Israel tiene una economía y un ejército fuerte pero es débil moral y políticamente. Como dice cáusticamente el líder de Hezbollah Hassan Nasrallah, Israel es 'más débil que una telaraña'. Tal desprecio necesite probablemente décadas de trabajo difícil para cambiar. No será tampoco una experiencia fácil: la derrota en la guerra significa normalmente que los que pierden tienen que sufrir la privación, el fracaso y la desesperanza. Sin embargo, Israel tiene de una manera suerte: tiene que disuadir a los palestinos, no a todas las poblaciones árabes y musulmanas. Los marroquíes, los iraníes, los malasios, y los demás entienden la señal palestina y con el tiempo siguen su ejemplo. El enemigo principal de Israel, cuya voluntad se requiere aplastar, es aproximadamente del tamaño demográfico igual. Este proceso se puede ver fácilmente así: cualquier desarrollo que haga que los palestinos piensen que pueden eliminar a Israel es negativo, cualquier desarrollo que haga que renuncien a ese objetivo es positivo. Se podrá reconocer la derrota palestina cuando, a lo largo de un período prolongado y con consistencia total, demuestren que han aceptado a Israel. Esto no significa amar a Sion, sino aceptarlo de manera permanente- cambiar completamente el sistema educativo para sacar la demonización de los judíos y de Israel, hablar la verdad de los vínculos judíos con Jerusalén, y aceptar las relaciones normales comerciales, culturales y humanas con los israelíes. Las gestiones palestinas y cartas al director son aceptables, pero la violencia no. La tranquilidad que sigue tiene que ser consistente y duradera. Se puede concluir de manera simbólica que los palestinos han aceptado a Israel y que la guerra se ha matizado cuando los judíos que vivan en Hebrón (en Cisjordania) necesiten tanta seguridad como los árabes que vivan en Nazaret (en Israel). La Política EstadounidenseComo todos los que no se involucren directamente en el conflicto, los estadounidenses tienen una elección cruda: refrendar el objetivo palestino de eliminar a Israel o refrendar el objetivo de Israel de ganar la aceptación de sus vecinos. Afirmar la elección muestra claramente que no hay ninguna elección- la primera es bárbara, la segunda civilizada. Ninguna persona decente puede refrendar el objetivo palestino de genocidio de eliminar a su vecino. Siguiendo a todos los presidentes desde Harry. S Truman, y todas las resoluciones y todos los votos del Congreso después, el gobierno tiene que apoyar a Israel en su campaña para ganar la aceptación. No sólo es esto una elección moral, sino la victoria de Israel sería también (irónicamente) lo mejor que les pasó a los palestinos en su vida. Obligarles que abandonen finalmente su sueño irrendentista los liberará para que se enfoquen en su política, economía, sociedad y cultura. Los palestinos necesitan sufrir el crisol de derrota para hacerse una gente normal- una cuyos padres dejan de celebrar que sus niños se hagan terroristas de suicidio, cuya manía del rechazo sionista se derrumba. No hay formulas mágicas. Este análisis implica un enfoque diferente radicalmente del actual del gobierno. Lo negativo es que les alerte a los palestinos, quienes recibirán los beneficios sólo después de que demuestren que aceptan a Israel. Hasta luego- ninguna diplomacia, ninguna discusión sobre el estado final, ningún reconocimiento como un estado, y ciertamente ninguna ayuda financiera, y ningunas armas tampoco. Lo positivo es que la administración estadounidense trabaje con Israel, los estados árabes, y otros para hacer que los palestinos acepten la existencia de Israel por convencerlos para que crean que han perdido. Esto significa insistir en que el gobierno israelí no sólo necesite defenderse, sino también necesite tomar medidas para demostrarles a los palestinos lo desesperado de su causa. Eso no necesita exposiciones periódicas de la fuerza (tales como la guerra de 2008-2009 contra Hamas en Gaza), sino un esfuerzo sostenido y sistemático para deflactar la belicosidad. La victoria israelí ayuda también a su aliado estadounidense, porque comparte a algunos de sus enemigos- Hamas, Hezbollah, Siria, e Irán. Además, las estrategias israelíes más fuertes ayudarían de maneras más pequeñas a Washington. Washington debe animar a Jerusalén que no intercambie a prisioneros con los grupos terroristas, que no permita que Hezbollah vuelva a armarse en el sur de Líbano (y no debe permitir que ni Fatah ni Hamas en Gaza vuelva a armarse) y que no se retire unilateralmente de Cisjordania (lo que daría efectivamente la región a los terroristas de Hamas y amenazaría el reinado Hachemita en Jordania). La diplomacia que intenta terminar el conflicto árabe-israelí es prematura hasta que los palestinos renuncien a su anti-sionismo. Cuando ese momento feliz llegue, las negociaciones pueden volver a tener lugar y discutir las cuestiones de Oslo- las fronteras, los recursos, las armas, los lugares santos, los derechos residenciales. Sin embargo, eso pasará en años o décadas. Mientras tanto, un aliado tiene que ganar. Categoría del Artículo: Conflicto Árabe - Israelí & diplomacia suscribirse a la lista de correo gratuíta del dr. daniel pipes Este texto podrá ser reproducido o reenviado mientras sea presentado en su integridad junto a información completa acerca de su autor, fecha, lugar de publicación y dirección web original. |
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