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![]() Mi turno en la fila de recepción de Arafat. Al fondo, de izquierda a derecha, Daniel C. Kurtzer, Edward Abington, Jr., Satloff Robert, un empleado de la oficina de Arafat, y Douglas Feith. |
Durante la misma reunión, Netanyahu se mantuvo solo. Por el contrario, Arafat estaba flanqueado por una multitud de guardias de seguridad, asistentes, un fotógrafo y un taquígrafo.
Una vez que comenzó la reunión, las diferencias aumentaron. El Primer Ministro Netanyahu esbozó una visión de Israel en el próximo siglo al estilo de Newt Gingerich, hablando de alta tecnología, oportunidades sin precedentes y crecimiento económico ilimitado. Señaló que hoy Israel tiene una renta per cápita equivalente a la de Gran Bretaña - y ha logrado esto a pesar de los muchos obstáculos al crecimiento económico del país (tales como el elevado gasto militar y la herencia de instituciones socialistas).
En una afirmación particularmente dramática, Netanyahu dice que Israel tiene el potencial de tener la mayor renta per cápita del mundo. Señala que las viejas consideraciones - la economía de fases, la proximidad a los mercados - ya no importan, reduciendo el pasivo de Israel. En su lugar, lo que ahora cuenta son los "pensadores conceptuales", e Israel tiene más y mejor de éstos per cápita que ningún otro país. Sus programadores informáticos y especialistas médicos, por ejemplo, se encuentran entre los mejores del mundo. Parte de sus puntos fuertes son más sutiles: la fuerza aérea, dijo, mantiene un registro de un millón de piezas, y lo hace con gran éxito. Los servicios de Inteligencia están "jugando ya en la autopista de la información".
Por el contrario, como si fuera un alcalde, Arafat vive entre temores sin importancia, peligro y problemas. Se queja amargamente de que al no dejar que los habitantes de Gaza trabajen en Israel, Israel está matando de "hambre" a Gaza. Afirma que los residentes judíos de Gaza, que componen menos del 1% de su población, consumen hasta el 85% de sus recursos hídricos. Dedica una cantidad extraordinaria de tiempo a convencernos de una teoría conspirativa: que la cadena de devastadoras deflagraciones que se registraron en ciudades israelíes durante febrero y marzo de 1996 fueron producto de la colaboración de grupos judíos "fanáticos" y colectivos palestinos "fanáticos" (pretendiendo ambos interrumpir el proceso de paz). Para probar esta idea, Arafat enviaba a un ayudante a traerle unos folios israelíes en blanco, que a continuación insistía formaban parte de la trama. En un intercambio barroco con uno de sus ayudantes, Arafat le amenazó con encerrarle; el presidente parecía estar bromeando (el ayudante nunca dejó de sonreír), pero ninguno de nosotros lo supimos a ciencia cierta.
Estas dos reuniones fueron un ejemplo. El primer ministro israelí, al frente de un estado poderoso, pudo darse el lujo de ser modesto, al tiempo que el palestino tenía que impresionar con su autoridad. Netanyahu brillaba y miraba al futuro, Arafat se quejaba e ilustra la dolorosa factura de los errores pasados y presentes.
Categoría del Artículo: Conflicto Árabe - Israelí & diplomacia, Daniel Pipes autobiográfico, Israel, Palestinos suscribirse a la lista de correo gratuíta del dr. daniel pipes Este texto podrá ser reproducido o reenviado mientras sea presentado en su integridad junto a información completa acerca de su autor, fecha, lugar de publicación y dirección web original.
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